X. Ausencia de Clifila
¿Por qué, contigo, no morí, Clifila?
¿Por qué no entramos, nuestras manos juntas,
dondequiera que se entre tras la muerte,
otra vida, la nada o el olvido?
¿Por qué, contigo, no morí, Clifila,
antes de que mis días y mis noches,
se poblaran de horribles pesadillas,
de monstruos con tu rostro torturado?
Cuando quemé tu cuerpo, el mismo fuego
quemó, también, a aquél que yo era antes.
En una de sus falsas confidencias,
me dijo, Ulises, que él mandó que, a espada,
pagasen, las esclavas, por sus crímenes.
(¿Es crimen, ser infieles a una sombra,
al lejano recuerdo de un ausente?
¡Cuando todos creían muerto a Ulises!)
Me dijo Ulises, digo, que Telémaco,
para mayor castigo, quiso ahorcarlas.
Ensalzando, yo, un día, en un banquete,
la justicia de Ulises, me hizo seña,
Telémaco, que estaba muy borracho.
Esto me dijo: "Yo cumplía órdenes".
Sólo eso. Fingí no comprenderle,
pero claro que supe de qué hablaba.