Pasajero a Ítaca
by Eduardo Fernández-Fournier, Madrid, Spain
Mi vida se extinguió en el ponto. Algún día, ocurrió: Minúsculas, innumerables, rapidísimas estrellas chocaron contra mi cabeza, y me arrastraron, y ya no fuí un cuerpo lento, pesante, sufriente, sino un haz de minúsculas innumerables, rapidísimas estrellas. Lee mi historia. Oh, tú, que también eres un haz de estrellas.
(Informe desaconsejando la utilización del mangüil en los desiertos de Etiopía. Con un apéndice en el que se demuestra que los mangüiles no existen)
Poema de odio (y amor perdido). Ha puesto comentarios a pie de página, el descubridor y traductor (a endecasílabos libres) de una copia del poema. En algunas páginas, el traductor ha puesto textos de LA ODISEA, poema posterior (probablemente más de trescientos años) a PASAJERO A ÍTACA, que trata los mismos acontecimientos, aunque desde un punto de vista distinto.
Primera dedicatoria:
Oh, Príamo, Rey de Troya,
si los dioses han querido preservar
hasta hoy tu vida mortal...
(El resto de esta primera dedicatoria es ilegible.)
Segunda dedicatoria:
Para tí, dulce Clifila, por los
momentos de amor que me diste.
Para tí, Clifila, porque lloro
tu ausencia.
Para tí, horrible Clifila,
porque mis días y mis noches se
han poblado de pesadillas con
tu rostro.
¡Oh, Clifila, doce bueyes, por
tí, hubiera pagado!
Prólogo
Original destruido en la Biblioteca de Alejandría, en el primer gran incendio del año 48 a.c.
Estaba archivado en la sección "LENGUAS ARCAICAS", subsección: "ASUNTOS DE DUDOSO INTERÉS: A CLASIFICAR". Hasta su pérdida, probablemente, nunca fue leído por nadie.)
I. El regreso
Quince jóvenes, flor de los aqueos,
(y doce esclavas, algo en esta historia),
no volvieron a verla, hija del día,
dorada aurora de rosados dedos.
Regresó, cuando menos se esperaba,
Ulises, con la madre de la noche,
la negra muerte de afiladas garras.
Dice, LA ODISEA, de un personaje al que va a referirse, en páginas siguientes, el autor de PASAJERO A ITACA:
Hallábase entre ellos (Entre los pretendientes de Penélope) un hombre de ánimo perverso, llamado Ctesipo, que tenía su morada en Same, y confiando en sus posesiones inmensas, solicitaba a la esposa de Ulises, ausente a la sazón desde largo tiempo.
./..
Ctesipo logró que su ingente lanza rasguñara el hombro de Eumeo por cima del escudo, PERO EL ARMA VOLO AL OTRO LADO Y CAYÓ EN TIERRA
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