El aedo del nuevo rey Ctesipo
hubiera maldecido al peor marino,
al corsario más torpe e incompetente,
de la historia y de la literatura,
el desastroso Ulises, que, ni una
de sus naves, logró traer a puerto;
que, ni a uno siquiera de sus hombres,
supo hacer regresar con vida a Itaca.
¿Era Zeus quién suscitaba el Bóreas?
¿Había aprisionado, Eolo, vientos
en un odre de cuero? ¿Existían
los dos monstruos de Escila y de Caribdis?
Yo os contaré, a los hombres ilustrados,
que sabeis que ni Zeus, ni Eolo,
ni Escila, ni Caribdis son reales,
la verdad que hay detrás de esas mentiras:
La verdad de un inepto, incompetente
y torpe capitán, que en la tormenta
del cabo de Malea, perdió el rumbo;
que se durmió al timón, ya casi en Ítaca;
que golpeó su nave en el escollo
de Escila, para, luego, naufragar,
preso en el remolino de Caribdis.
...
(Tú que me escuchas: ¿Piensas que Atenea,
las ninfas y las magas, los feroces
cíclopes, son reales? ¿Que era un monstruo
Escila, y otro cruel monstruo, Caribdis?
Aunque eso creas, oye este poema,
porque puede ayudarte a distinguir
hechos en la hojarasca de palabras.)
Aquél torpe marino incompetente
no hubiera regresado nunca a Ítaca,
de no haberlo encontrado los feacios
(Ellos sí saben gobernar sus naves)
que lo trajeron como pasajero
(Qué lamentable fin de su aventura)
y después lo dejaron sano y salvo
en Ítaca, royendo sus fracasos.
¡Nunca hubieras llegado a tu destino,
torvo, frustrado pasajero a Itaca!
Disfraz de Atenea
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...(ATENEA) Descendió presurosa de las cumbres del Olimpo, y, encaminándose al pueblo de Ítaca, detúvose en el vestíbulo de la morada de Odiseo, en el umbral que precedía al patio. Empuñaba la broncínea lanza y había tomado la figura de un extranjero, de Mentes, rey de los tafios.
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(Durante la matanza de lo pretendientes)... Poco tardó en acercárseles Atenea, hija de Zeus, que había tomado el aspecto y la voz de Mentor...
ATENEA.-
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( Disfrazada de joven pastor de ovejas, a Ulises) Astuto y falaz habría de ser quien te aventajara en cualquier clase de engaños, AUNQUE FUESE UN DIOS ÉL QUE TE SALIERA AL ENCUENTRO. ¡Temerario, artero, incansable en el dolo! ¿Ni aun en tu patria habrías de renunciar a los fraudes y a las palabras engañosas que siempre fueron de tu gusto?
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